El tiempo pasó, comenzaron a vivir juntos en aquella chozita, pero siempre en camas separadas. Ya había comenzado el verano, el sol alegraba las mañanas, había más gente en los comercios.
Luego de contarles su historia, la viejecita, que les había recibido la primera vez pensando que eran nobles, aceptó darles un empleo. Ella trabajaba en la papelería y él en su vivero.
Pero no todo era felicidad, era más bien tranquilidad, de por lo menos tener algo para sobrevivir.
El calor era más fuerte casi no se podía respirar, parecía que el viento fuese más espeso. Los niños tenían sed, los adultos también, y el río estaba casi seco, es más un incendio casi destroza la casa de madera en donde estaban.
Había gente con hambre, había escasez. Ellos tenían suerte, trabajaban con una familia con invernadero, el resto tendría que ir a otros distritos en busca de comida. Aparecieron mendigos pidiendo una caridad, eran de los distritos más lejanos, algunos incapacitados que antes habían sido grandes luchadores.
A veces en las tardes cuando el comercio cesaba, y la gente se iba; el distrito era la tierra de nadie. Todos cerraban por temor a unos encapuchados que llegaban cada cierto tiempo, pedían una colaboración para la causa, y si no les dabas ¡BOOM! nunca hubo muertos, por lo menos no se encontraban cuerpos, solo edificios incinerados.
- ¡Oiga usted jovencita! Atienda a los clientes. ¿Qué hace durmiendo? – me dijo el señor papelero.
- Sí, claro. ¡Disculpe, ya voy! – me acomodé el yukata ¿o kimono? Todavía no estaba acostumbrada a usarlo. Me acerqué al despacho con una sonrisa de oreja a oreja – Buenos días, señor ¿en qué podemos servirle?
- ¡Pero que jovencita más linda! Espero que ese viejo amargado no te esté molestando – dijo… otro viejito con el pelo teñido de negro
- ¡Te oí, Simón! – golpeó con su bastón el piso- ¡compras o te vas!
- Pero que ánimos José. Así ahuyentarás a la clientela. Señorita déme un pergamino, no…mejor todo un rollo de piel de oveja… o mejor de totora
- ¡Decídete de una vez Simón!
“¿Hay algo más aburrido que dos viejitos se peleen? Sí, que tenga que escucharlos. ¿Qué haré, qué haré? ¡Uhhh, un billete! ¿Podré moverlo? Dicen que si te concentras puedes cambiar la materia o algo así. A ver… ¡zaz! Rayos, se clavo en uno de los rollos. Espero que don José no sé de cuenta”
- ¡Y tú eras el abuelo de Matusalén! – agregó don Simón
- Sí, pero… ¡al menos no me mato un caballo gigante de madera!
- Ya te dije que fue una emboscada, ¡EM – BOS – CA – DA!
“¡Dios!, ya la mayoría de puestos han cerrado, creo que mejor resuelvo esto antes que se haga de noche. Además hoy me toca ensayar, todo gracias a la señora Simona, hermana de Josefina, esposa de don José. Eso me pasa por ser descuidada. ”
- Mira Agnus ¿a qué no es lindo? ¡tenías razón! ¡Y vuela como una mariposa! Nunca pensé que pudiera hacer cosas así- exclamé a la vez que contemplaba deleitada como ese ser de papel volaba suavemente
- Sí, es lindo. Pero no lo hagas muy seguido luego tendrás hambre, recuerda que estamos en escasez – me dijo en un tono paternal, demasiado para mi gusto.
- Sí, ya lo sé. No soy tonta, además yo como poco porque asimilo todo, para que veas. – hice un puchero con la boca.
- ¿Se enojó la bebé? Pero que penita. Madure, su merced, o prefiere que le diga ¿pequeña Luna?
- ¡Shhh! Ahora somos caballeros de la real orden del Sol ¡porque yo lo digo, y lo valgo!
- ¿Caballero? Pero si no veo alguna princesa en peligro.
- ¿Acaso no me ves, amado mío? – dijo haciendo una pose dramática con el brazo que rayaba lo gracioso.
- Pero ¿Ahora eres Luna “la princesa de los pergaminos”? – fingió una cara de sorpresa
De pronto de la nada aparece una señora de la tercera edad, mejor dicho otra viejita.
- ¡Bravo! ¡Bravísimo! Ya me parecía raro que no presentaran nada en el festival de la cuadra. ¡A los niños les encantará! Tú niña, veni, veni, que tengo un traje estupendo, era de mi bisabuela que fue la cocinera de los reyes Católicas, ¡te quedará perfecto! Y tu Agnus serás un gran caballero, le pediré a Charles que me preste la armadura de su tienda. Pero si ¡serán la atracción del evento!
Se fue corriendo, o caminando muy rápidamente con su bastón, hacía el mercado. Mientras los dos estábamos parados, en estado de estupefacción y más rojos que un tomate.
- Lo siento, lo siento. – repetía a la vez que bajaba la mirada para no encontrar con el rostro del chico, probablemente estaría furioso.
- Menuda suerte la nuestra. ¿Crees que nos estuvo viendo todo el tiempo?
- Probablemente
- ¡Esta decido entonces! tú serás Lady Luna y yo sir Agnus.
- Es broma ¿no?
No le respondió solo atinó a quitarle los papeles que tenía Lady Luna en la mano y echarse a correr. Ella le siguió persiguiendo hasta que ambas figuras se perdieron en el horizonte.
La chica se rió dentro de sí, a la vez que miraba como el sol se ocultaba. Ya era hora de partir…